origen de mi apellido

Cómo saber el origen de mi apellido

¿Por qué nos llamamos como nos llamamos?

Así como nuestro nombre nos define y expresa mucho del deseo de nuestros padres, cada persona tiene un apellido que le otorga identidad y que se transmite de generación en generación.

Más común o más exótico, facilísimo o casi imposible de pronunciar, lo cierto es que cada apellido tiene un origen que en algún momento de la vida genera curiosidad conocer, ya sea para explorar las raíces familiares, para averiguar de dónde proviene o simplemente para saber cuántas personas lo comparten en el mundo. Pero, ¿cómo saber el origen de mi apellido?

Origen de los apellidos

Cuenta la leyenda que la costumbre de llevar apellido surgió en China por el año 2850 a.C. En Europa, los primeros apellidos se remontan recién a la Edad Media, cuando la burguesía comenzó a tener acceso a bienes inmuebles y se volvió necesario empezar a definir con mayor precisión a qué familia pertenecía cada cosa.

Hasta entonces sólo los nobles tenían apellido, y no era otro que el nombre de la casa real de la cual formaban parte: Borbón, Tudor, Alba. Todos los demás, el pueblo, eran María, José, William o Mohamed, y con ese dato era más que suficiente para identificarlos.

El criterio de asignación de los apellidos fue de lo más básico y pragmático, y en la mayoría de los países se aplicaron parámetros similares: identificar a las personas por ser “el hijo de”, por su profesión, por el lugar donde vivía o simplemente por un atributo -o defecto- físico o de su personalidad como Delgado, Alegre, Blanco, Seisdedos o Cabezón. Pero el recurso más frecuente fue apelar a los patronímicos.

Así, en España, por ejemplo, el hijo de Fernando recibió el apellido Fernández y el de Diego, Diéguez. Y en el caso de los ingleses, el hijo (son) de John pasó a llamarse Johnson, y el de Richard, Richardson. Lo mismo ocurrió en Armenia, donde la mayoría de los apellidos termina en ian, que significa “Hijo de”.

Pero también surgieron apellidos relacionados a oficios, como Carpintero, Labrador y Guerrero, y su versión inglesa fue Cook (cocinero), Potter (alfarero) y Stone (roca, otorgado a quienes trabajaban en la minería).

Muchos apellidos de origen italiano también fueron patronímicos o tomaron el nombre de santos, y el lugar de origen o residencia dio nacimiento a apellidos españoles como Arroyo o Ribera; y a holandeses que agregaron a sus nombres de pila el prefijo Van der: Van der Berg (de la montaña), Van Dijk (del dique), y así en muchos otros casos. Lo cierto es que por más ingenuas que puedan parecer estas “pistas”, todas contribuyen a la hora de buscar nuestros orígenes y de explorar la historia de nuestros antepasados.

Dónde buscar el origen de mi apellido

La herramienta más eficaz para investigar el origen de los apellidos es Internet, donde existen cientos de páginas que pueden aportar información valiosa sobre ese apellido que nos acompaña desde que nacemos, para luego procesarla y analizarla.

Con bases de datos recopiladas de registros civiles, censos de población, distintas iglesias, bautismos, partidas de defunción, testamentos, guías telefónicas e incluso el aporte de los propios usuarios, estos auténticos mapas mundiales de apellidos son un excelente punto de partida para todo aquel que quiere iniciar un estudio genealógico de su familia.

La información suele ser muy detallada: además del origen de los apellidos, en muchas de ellas aparecen también el número de personas que comparten un apellido en el planeta, los países en los que están más presentes y hasta permiten conocer el significado de cada apellido y su heráldica. Navegando por estas páginas se puede saber, por ejemplo, que el apellido Wang, de origen chino y cuyo significado es príncipe o amarillo, ostenta el primer puesto entre los apellidos, con 107.510.200 personas en todo el mundo.

Pero también, si un señor llamado López, por caso, quisiera conocer el origen de su apellido, encontrará que es vasco, que ocupa el lugar 59 entre los más usados -casi 9 millones de personas a nivel mundial-, que es patronímico de Lope (nombre de España Medieval) y que deriva del latín lupus (Lobo). Además, que significa gordo y robusto. Pero si su apellido se escribe Lopes, la historia cambia: su significado es el mismo, lobo, pero su origen portugués y durante siglos fue el apellido judío más extendido en Portugal hasta que muchos de ellos emigraron en tiempos de la inquisición: hoy, existen 2.128.443 en el mundo con el apellido Lopes, y más del 70% reside en Brasil.

Estas páginas permiten averiguar también cuál es el apellido más común en cada país. En la Argentina, Chile y Paraguay, por ejemplo, es González, patronímico del nombre Gonzalo, así como en Alemania y Suiza es Müller, que significa molinero. Y en los Estados Unidos el apellido Smith (herrero) lleva la delantera y es compartido por uno de cada 121 nativos.

Navegando la web es posible llegar a destinos impensados que pueden incluir hasta los registros originales de los barcos que arribaron a América en los siglos pasados, donde además del nombre y apellido de cada pasajero figura su origen, su edad, su oficio y hasta su firma manuscrita.

Fuente: Clarin.com